Historia


 ¿Cómo comenzó esta fascinante historia?

Era un día tranquilo, lleno de mucha paz, cuando me encontré con una pregunta que nunca había dejado de rondar mi cabeza: “¿Y ahora qué hago?”. La respuesta vino casi de inmediato. La pizza siempre fue mi pasión lo que me conectaba con mi familia, mis amigos, y lo que realmente disfrutaba hacer en mi tiempo libre. Así que me lancé a abrir mi propio local, fue así como nació "La Tierra de la Pizza"

Recuerdo el primer día que hablé con mi viejo sobre la idea.

— “Pa, ¿Qué opinas si me lanzo con una pizzería? Algo diferente, algo único”.
— “¿Una pizzería? Mira, si es lo que te apasiona, no hay por qué no hacerlo. Pero hace lo con cabeza, no sólo con ganas”, me respondió mientras terminaba de tomar su café.
— “Sí, ya sé. Quiero hacer la mejor pizza de este mundo, papá. No quiero que sea sólo una más. Tiene que ser única”.

Arranqué con todo. Mi tía me alquilo un local en Tabaré 1880 y una fija en la cabeza. Pero claro, sabía que no iba a ser fácil. Después de todo, en Buenos Aires hay pizzerías por todos lados, y la competencia es feroz.

Un día, mientras estaba en el local probando diferentes mezclas de masa, mi novia Joselin me pasó a visitar.

— “Che, ¿Cómo vas con el proyecto este de la pizza?”
— “Acá, probando distintas harinas. Pero no sé si es lo que quiero. Necesito que salga perfecta, no me quiero conformar”, le dije mientras estiraba la masa en la mesa.
— “Dale, Facu. Vos podés, no hay pizzería que se le compare si le ponés esa dedicación. Además, ¿quién no va a querer una pizza con tanta pasión?”.

Esa charla me dio un empujón. Y fue así como empecé a enfocarme cada vez mas. Cada día, probando nuevas combinaciones, ajustando las temperaturas del horno, buscando los ingredientes más frescos. Nada podía fallar, quería que mis pizzas fueran más que solo comida, quería que la gente las recordara. Y, lo más importante: que sintieran lo que yo sentía al hacerlas.

El primer cliente que llegó al local, me miró curioso.

— “Hola, ¿qué tal? ¿Qué me recomendás? Escuché que acá tienen la mejor pizza de la ciudad”.
— “¡Sí! La mejor pizza de este mundo, te lo aseguro. Tenes que probar la de fugazzeta. Es una combinación de sabores que te va a volar la cabeza”.
— “¿En serio? Bueno, confiando en vos, voy con esa”.
— “¡Vas a ver que no te vas a arrepentir!”

Cuando vi su cara después del primer bocado, sonrió con los ojos cerrados y me dijo:

— “¡¿Esto qué es?! Está increíble. ¡Es como un viaje al paraíso en forma de pizza!”
— “Te dije, lo que sale de acá tiene un toque especial. Cada pizza tiene algo único, como una receta secreta”.
— “Es la mejor pizza que comí en mi vida". 

A partir de ahí, el boca a boca empezó a hacer su magia. La gente se empezó a acercar, y cada vez eran más los que decían lo mismo: “La mejor pizza de este mundo”. Fue en ese momento cuando entendí que, en realidad, no era sólo una frase; era la promesa que había hecho conmigo mismo al empezar. Y tenía que cumplirla.

Una tarde, mientras terminaba de preparar un pedido, llegó mi amigo de toda la vida, Ezequiel Navia. Él siempre fue el que me acompañó en las buenas y en las malas.

— “¿Cómo va todo, Facu? ¿Las pizzas están matando o qué?”.
— “Mira, Navia, con cada pizza que hago siento que la próxima puede ser mejor. Pero hasta ahora, la gente está feliz. Estoy cumpliendo mi promesa de ofrecer la mejor pizza de este mundo”.
— “Eso está claro, hermano. Yo fui el primero en decirte que lo ibas a lograr. Ya me guardaste una pizza para cuando termine de hablar con mis clientes, ¿no?”.
— “Obvio, no te preocupes. La tierra de la pizza no tiene secretos para vos. Siempre te guardo una por si pasás”.

Cada día me doy cuenta de que lo que empecé como un sueño, hoy es una realidad. Y sigo con la misma energía, con la misma pasión. "La Tierra de la Pizza" no es solo un local, es mi manera de mostrarle a la gente que si le ponés corazón a lo que haces, no hay imposibles. Hoy, la gente sigue viniendo de todos lados, buscando esa pizza que no encuentran en ningún otro lugar.

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